Emergencias Climáticas en La Tierra de Babel

Emergencias Climáticas en La Tierra de Babel

Mientras un meteorólogo recita la latitud, velocidad de los vientos, trayectoria y da opiniones; otro desestima esa trayectoria: “Bueno… Puede ser que…” Y hablando en lenguas hace una analogía del huracán aquel.” Crea caos y confusión pero su ego, más grande que la pantalla, lo proyecta como un erudito; “sabe más que la competencia”.

Acto seguido un funcionario público con el rostro desencajado, como si el Caballo de Troya está entrando a la ciudad, comienza su intervención dudando de los pronósticos: “Si la trayectoria del Centro Nacional de Huracanes se cumple…”; después de un par de horas intenta convencer que ahora si, seguro que se cumple y vamos a morir.

En las redes sociales se comparte información fundamental que de otro modo no tendríamos, pero los meteorólogos sin título desestiman las predicciones climáticas. Luego, los escépticos de oficio inventan temerarias teorías de la conspiración: “Quieren hacernos gastar dinero; ese huracán no pasa por aquí…”

Los medios dicen que estarás ‘a salvo’ en su sintonía y se va la luz, mientras sus periodistas muestran que durante el huracán es “humanamente posible” estar afuera. En Florida, uno se hundía en la marejada ciclónica y tildaba de loco al chofer del vehículo que estacionaba a unos metros. En Puerto Rico, una menos afortunada terminó hospitalizada.

Los súper huracanes que tanto advertimos reseñan imágenes del Apocalipsis. La presión del cambio climático es innegable. Los científicos advierten que el cambio climático genera eventos climáticos extremos. Aún actuando, la inercia del clima sostendrá su voracidad por unos años. Sobrevivir y tener bienestar dependerá de la preparación y adaptación.

Las emergencias climáticas son inmanejables sin comunicación

Comunicándonos somos analfabetas; hablamos en lenguas y nos desconectamos. Aunque Katrina y Harvey sucedieron en agosto; el ‘mes nacional de preparación’ es septiembre, justo el mes en que Irma y María azotaron. Más que la discusión sobre si el cambio climático es real, es preocupante la desconexión entre nosotros.

Tan pronto el huracán amenaza es muy tarde para comenzar a hablar en lenguas: “¡Viene el lobo! —gritan a los cuatro vientos. ¡Es una tormenta! ¡Super tormenta! Vamos a prepararnos para lo peor, esperando lo mejor…” En Florida anuncian evacuación mandatoria de las zonas A y B, y la gente tiene que correr a buscar un mapa. En Puerto Rico los términos son más lamentables: “si vives cerca del agua”; “si tu casa no resiste”; “si te piden que desalojes”…

La gente haciendo compras o buscando gasolina. ¡Si los escuchan… no entienden!. Unos son turistas, otros no han visto un huracán en su vida. ¡Por qué tanta ambigüedad! ¿qué es cerca, qué es lejos? ¿cuál agua?… Me preguntaba: ¿será que las zonas tienen nombres? ¿por qué asumen que la gente sabe? Cada ciudadano, funcionario e institución publica, fundación, medio de comunicación y empresa privada necesita hacer su parte.

En esta temporada las emergencias climáticas han sido emocional, física y económicamente agotadoras. El Golfo de México, el Atlántico y el Caribe, experimentaron perdidas humanas y económicas sin precedentes. La destrucción ha sido masiva por las mismas circunstancias; las altas temperaturas de la atmósfera y del océano desnaturalizan los huracanes.

Manejar las emergencias es prepararse y adaptarse en un nuevo idioma. La Tierra de Babel necesita dejar de hablar en lenguas; transformarse reaprendiendo a entender y comunicar. El riesgo de que las emergencias climáticas nos revuelquen el alma o destierren seguirá ahí. Los refugiados climáticos en el país, nos dan testimonio de ello.

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