Reconocer los bienes y servicios ambientales que obtenemos de los ecosistemas es el primer paso para establecer una relación íntima de aprecio hacia la naturaleza. ¿Quién podría ser ingrato con la mano que le da de comer? Comúnmente, solo aquel que no la reconoce.
En nuestro desarrollo como civilización, casi damos por sentado que todos reconocemos lo proveedora que es la naturaleza, y es cierto, lo sabemos, pero saber e internalizar que es así son dos cosas diferentes. Nuestras acciones como sociedad han demostrado que no lo tenemos tan claro. Desconectamos lo que sabemos de lo que hacemos y, en lugar de establecer estrategias sostenibles de desarrollo humano, ejecutamos mecanismos de desarrollo que responden a esa desconexión, impactando los ecosistemas en extremo.
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Soluciones basadas en la naturaleza...
Precisamente por la distancia que hay entre lo que sabemos y lo que hacemos, la experiencia de recurrir a ‘soluciones basadas en la naturaleza’ siempre me ha causado emociones encontradas. ¡Cómo podemos ser tan tontos como para tener que remediar lo que ya era perfecto! ¿Qué tanto podremos ahora remediar? Y lo que es más perturbador… ¿cuántos se preparan para impactar y después ‘resolver con la naturaleza’?
Las soluciones basadas en la naturaleza a los problemas que generamos ignorando la naturaleza tiene mucho sentido, lo que no tiene sentido es causar daño para repararlo. Por eso, prevenir debe ser el norte en todo momento, y remediar será siempre una tarea relacionada con la forma en que actuamos en el pasado que no podemos seguir repitiendo.
Por eso hoy quiero llamar tu atención sobre la legislación ambiental, en especial en lo que respecta a su reglamentación, porque es una herramienta poderosa que necesita el respaldo y la acción de todos. ¿Cuántas veces te has involucrado, al menos enviando tu opinión cuando se discuten leyes que impactan directamente el medio ambiente y tu calidad de vida? Puede que te sorprenda la influencia que puedes ejercer.
Tomar acción es un tema de salud y resiliencia
Cuando se trata de su propio destino, a menudo encontramos comunidades que parecen resignadas, frustradas al esperar que el gobierno actúe por sí solo. Es como si fuera una responsabilidad exclusiva del gobierno y no de la población. Sin embargo, la realidad es que esta tarea es de todos nosotros. No podemos darnos el lujo de quedarnos de brazos cruzados; nuestras voces, acciones y participación activa son esenciales para asegurar que las leyes que protegen nuestros ecosistemas sean implementadas y cumplidas.
Necesitamos enfocarnos proactivamente en la naturaleza, no solo porque el tiempo es finito y escaso para equivocarnos y reparar, sino porque, en el camino de ‘vamos mal y se puede poner peor’, nos estamos enfermando.
Desde una perspectiva de conservación y relaciones humanas, un enfoque proactivo, en lugar de reactivo, podría ser mucho más eficaz a largo plazo para fortalecer la resiliencia comunitaria; transformar la justicia ambiental y empoderar a las comunidades para ser los guardianes de su presente y garantes de su futuro.
Fortalezcamos nuestra identidad y resiliencia, procurando no solo soluciones basadas en la naturaleza, sino un pensamiento de desarrollo basado en la naturaleza que nos impulse a reconocer la unicidad y, por ende, la necesidad imperiosa de amarnos como uno. Solo considerando el desarrollo sostenible como posibilidad, lograremos un verdadero crecimiento humano.
Compartir el secreto de la gratitud moverá montañas
¿Cómo es tu relación con la naturaleza? Es algo externo que simplemente “está ahí” y tratas como algo útil para tu vida o aprecias a diario el bienestar que te provee. Reconocer y apreciar los bienes y servicios ambientales que obtenemos de los ecosistemas es más que un ejercicio intelectual: es una oportunidad para desarrollar una conexión profunda y emocional con la naturaleza.
Piensa en el aire que respiras, el agua que bebes y los alimentos que consumes. ¿Cuándo fue la última vez que te detuviste a pensar que todos provienen de la naturaleza? Enfócate en un árbol: además de ser una fuente de oxígeno y sombra, también es hogar para diversas formas de vida, ayuda a purificar el aire y, a lo largo de su vida, puede alimentar el suelo y los ecosistemas a su alrededor. ¿Lo ves ahora con otros ojos? ¿Qué sentimiento despierta en ti reconocer que algo tan común, como un árbol, cumple tantas funciones vitales para la vida en la Tierra?
Haz ésta reflexión como un primer paso hacia una mentalidad consciente de la importancia de un ambiente seguro y protegido. Porque, ¿quién podría ser ingrato o descuidado con la mano que le da de comer? Solo aquel que no la reconoce, que la da por sentada. Al profundizar en esta conciencia, podemos empezar a ver la naturaleza como parte de nosotros de verdad, no como algo separado.
Te invito a que decidas practicar el agradecimiento consciente, elije un momento en tu día para agradecer conscientemente a la naturaleza por algo específico. Puede ser algo cualquier cosa general que te emocione, sus colores y matices, sus movimientos, sus formas o, algo más específico, la fruta que disfrutas 😀 o la flor que ilumina tus ojos. Este sencillo acto de gratitud tiene el poder de generar un cambio interno: cuando apreciamos verdaderamente lo que la naturaleza nos ofrece, es más probable que actuemos en su favor.
Al final del día, nuestras acciones están guiadas por nuestras emociones y creencias más profundas. Desarrollar una conexión emocional con la naturaleza —sentir gratitud, admiración y responsabilidad hacia ella— es lo que nos motiva a protegerla de manera activa. Así, la próxima vez que estés frente a una decisión que afecte el ambiente, ya sea a nivel personal o comunitario, esa conexión será tu guía, para recordar que la naturaleza no es algo ajeno ni reemplazable, sino una extensión de ti mismo.
Reconocer, apreciar y conectar, son el impulso para construir estrategias de desarrollo sostenible que no solo remedien los daños, sino que eviten que ocurran en primer lugar. Y tú, ¿cómo podrías reconectar con la naturaleza hoy?



